Percless: “¿Hay un concierto, un poeta, un micro abierto? Llégate. Simplemente cread escena.”

Tenemos el placer de entrevistar a una de las personas que más admiramos de la escena cordobesa: Percless. Rapero, divulgador y una figura clave para entender el presente y el futuro de nuestra escena.
En los últimos años ha explotado toda una ola de influencers musicales, reaccionadores, creadores de contenido… ¿qué opinas de esta tendencia? ¿hasta qué punto crees que ha contribuido al descubrimiento de artistas emergentes?
Trascripción: Pues sinceramente creo que tiene sus pros y sus contras. Lo bueno es que muchísimos artistas desconocidos se han dado a conocer y muchos de estos comunicadores han puesto el foco en tendencias que quizá no estaban poniendo otras figuras. Eso lo veo bastante interesante y guay, porque el abanico se amplía de manera horizontal, se descubren más cosas y conviven más propuestas en las distintas microescenas. La gente puede escuchar música más variada y ahondar en géneros más separados entre sí.
Por otra parte, siento que está pasando un poco como cuando todo el mundo quería ser influencer o, hace cuatro o cinco años, durante la pandemia, todo el mundo se compraba un Rode y una Focus y quería grabar temas. Ahora todo el mundo se pone el móvil delante, se compra los típicos micrófonos de pelusilla y se pone a grabar contenido. Y se nota a leguas que la mayoría de gente no tiene nada que decir.
Ves muchas veces los clásicos listados de «Cinco artistas que deberías estar escuchando» o «Cinco artistas que nadie te va a recomendar» y, de repente, tres o cuatro de esos cinco son los mismos artistas que te recomienda otro creador y otro creador. Y dices: ¿cómo es que tres personas me están diciendo cinco artistas que se supone que nadie más me va a recomendar y me están diciendo los mismos?
Entonces claro, es una ola también peligrosa, porque el que más voz y alcance mediático tenga de esos creadores influye mucho en la opinión posterior de los que vienen detrás. Si esa persona recomienda cinco artistas, los que vienen después no van a querer sentirse desactualizados o fuera de la ola y van a recomendar gran parte de esos cinco, si no los cinco.
A colación de la pregunta anterior, ¿qué opinas sobre la aceleración en el consumo de música y su consecuente agotamiento? Tenemos álbumes cocinados durante años que, tras apenas un par de semanas en rotación, parecen caer en el olvido. A la vez, estos mismos creadores de los que hablábamos antes, se ven empujados a reaccionar rápidamente ante cualquier boom para intentar capitalizarlo. ¿Cómo crees que está afectando esta dinámica a la música?
Al final creo que la industria musical, como todas las industrias, se ve afectada por sus principales plataformas de exposición, que son las redes sociales, y estas están condicionadas por un algoritmo. Y el algoritmo no premia el contenido de calidad por encima del contenido cuantitativo y primario: va a premiar siempre a la persona que llegue primero antes que a la que llegue con más cosas o con mejores cosas que decir.
Por lo tanto, suele pasar que sale un álbum, un EP o una canción y el reaccionador, creador o divulgador quiere ser el primero en decir algo al respecto. Entonces muchas veces dice algo sin un trasfondo bien trabajado, porque no ha hecho una investigación previa ni ha contextualizado artísticamente al artista y su camino hasta ese proyecto. Tampoco tiene suficiente conocimiento como para hablar de sus matices o del porqué de las cosas, porque no ha indagado. Simplemente sabe que es un artista en tendencia, le gustan las canciones como a cualquier otro y quiere hablar de ello.
Muchas veces se genera así una ola de gente hablando de ciertos artistas, planteando teorías, hipótesis, significados o dobles lecturas que en realidad son vacías o directamente erróneas. Y eso creo que es un poco perjudicial para la escena.
Por la parte del consumidor, el intermediario que es el creador tiene una responsabilidad, porque suele ser quien descubre artistas y hace de curador. Pero creo que la responsabilidad no abarca todo. Empieza desde arriba, porque las plataformas, los sellos y los propios artistas, si sacan un volumen de música muy alto, hacen que la gente consuma un volumen de música muy alto.
La gente tiene muchísima capacidad de consumir. Es como cuando una compañía antes sacaba un teléfono cada cinco años y ahora te saca el teléfono 1, al año siguiente el 2 y el 2 Plus, después el 3, el 3 Pro y el 3 Plus... La gente quizá no lo vea bien, pero sigue consumiendo al 100% porque cae en esas dinámicas. Y con la música pasa lo mismo.
Por eso creo que los que más capacidad de cambio tienen, además de los curadores, creadores y comunicadores, son los artistas grandes. Cuando un artista troncal de la industria decide bajar el ritmo, el resto de los artistas toma nota.
Hay casos que no son extrapolables a todo el mundo, como Frank Ocean, que lleva diez años sin sacar un álbum. Pero aquí en España tienes, por ejemplo, a Ébano, que lleva seis años sin sacar un álbum y ahora vaticina que va a sacar uno este año. Si tiene que tirarse seis años sin sacar un álbum, sin dar entrevistas y sin ser una persona mediática, quizás pierda cierto alcance y vaya soltando gente, pero es lo que debe hacer si no tiene nada que decir en ese momento y no tiene música completa que transmitir.
Creo que esa es la opción más sana para que la escena tenga un ritmo de consumo sostenible, tanto desde abajo como desde arriba.
También se habla de que con la llegada del “urbano” al mainstream ha surgido una importante despolitización de los artistas. Sonidos que siempre han pertenecido a los estratos más humildes y con un fuerte carácter reivindicativo se han ido suavizando el discurso a la vez que se volvían populares. ¿Crees que esa pérdida de discurso social ha sido desencadenante o consecuencia del aumento de popularidad?
Sí, creo que esto tiene muchísimo que ver con ello. Realmente la etiqueta de «música urbana», como la conocemos actualmente, empezó en los años 70 o 80, cuando las discográficas y las radios estadounidenses empaquetaban bajo esa etiqueta determinadas canciones de R&B. Quizás por el género estaba más mal visto o porque eran canciones que hibridaban el R&B con otros géneros, y necesitaban meterlo todo en un saco que tuviera cierta aprobación family friendly.
Si tú llamas «música urbana» al sonido y al folclore más superficial de la música rap, pero no a sus códigos, su intención ni su incomodidad reaccionaria, revolucionaria y política, te estás quedando con los sonidos y con esa capa superficial que llama la atención: los códigos de vestimenta, los tonos, la atmósfera sonora... pero la estás vaciando completamente de movilización y reacción política.
Entonces tienes música negra pasada por un filtro para todo tipo de consumidor, política e ideario. Se diluye todo, se queda vacío y se crea una música musicalmente inofensiva. Pero como es la más fácil de consumir y la más apoyada por discográficas, radios, creadores, marcas, agencias y sellos, es la que la gente termina creyendo que es el rap y el hip hop real, y que representa cómo está la escena.
Todo lo que está por debajo y sigue manteniendo una posición política incómoda para el sistema, más anti sistemática, queda en segundo plano y no recibe ese apoyo.
Y eso puede tener consecuencias peligrosas. Después de tantos años de un rap completamente despolitizado, ¿quién ha aprovechado para decir «Si esta gente lo ha despolitizado, por qué no lo politizamos nosotros»? Pues la extrema derecha. De ahí que estén apareciendo raperos fachas y ese tipo de cosas.
Entonces sí, ha hecho que ciertos sonidos, matices y artistas entren en el acervo popular y que la gente los conozca. ¿Pero a qué precio? ¿Qué se ha perdido por el camino? A mí muchas veces el crecimiento desorbitado y masivo sin aprendizaje y sin contexto me parece igual de salvaje que el propio capitalismo en términos de consumo.
Mucha gente te conoce por tu música o tu perfil en redes, pero nos gustaría que nos hablases sobre otra de tus facetas, menos conocida, ayudando a artistas a comunicar sobre sus proyectos. Sabemos de tu trabajo con auténticas leyendas como Tote o Piezas, pero también estás involucrado el sello Ruanda Records. ¿Cómo es trabajar con estas figuras? ¿Dónde crees que aportas más dentro de sus equipos de trabajo?
Yo me considero una persona bastante cuidadosa, meticulosa, metódica y con buen gusto a la hora de hacer y plantear las cosas. Me gusta hacer cosas y verme inmerso en proyectos que tengan coherencia para el propio artista. Que lo que está haciendo sea algo que tú te esperarías de él y no te chirríe.
Muchas veces desde dentro esas cosas no se ven igual, porque no sabes hasta dónde llegas o no llegas y te ves sacudido por las dinámicas del mercado en tiempo real. Una persona de fuera lo ve con más retrospectiva y más pausa. A mí me gusta ser esa voz que guía un poco, hacer que los artistas se planteen preguntas. Me gusta que se les vea serios, que den una imagen de seriedad. He trabajado, como dices, con Tote, Piezas y la gente de Ruanda, y son artistas que, independientemente de lo que muestren, parten de hacer música seria y llevar un proceso artístico serio.
Me gusta que todo esté cuidado: que una edición física esté bien cuidada, que una letra o un comunicado estén bien escritos y comunicados; que se vea que no son cosas que se han hecho con menos seriedad de la que lleva el disco. No hablo de que el proyecto sea más alegre, más enfadado o gracioso, sino de que esté hecho en serio, ¿sabes?, no de broma.
Si el comunicado, la campaña o la manera de contar qué significaba el álbum no es seria, parece que el álbum o las acciones posteriores son impostadas. Me gusta que todo fluya naturalmente con la persona que es realmente el artista y que sea algo que pueda sostener en el tiempo.
En cosas concretas me gusta mucho entrar en la dirección creativa, la revisión y optimización de diseños. Muchas veces hay cierta psicología en los diseños. No soy director creativo como tal, pero sí tengo bastante bagaje en ello.
También me gusta entrar en la producción ejecutiva: organizar qué hay que hacer, con quién hay que contar para cada cosa, un videógrafo, un diseñador... Hacer que las cosas vayan para adelante y que todos los eslabones de la cadena estén comunicados para que el proyecto tire en todos los términos audiovisuales, comunicativos y publicitarios.
Ahora mismo ese es el rol que más estoy cumpliendo. En lo artístico dejo libertad. Puedo opinar y dar consejos, pero nunca voy a corregir lo artístico en un artista. Entro más en lo ejecutivo: una vez que tú has hecho lo mejor de ti y el producto está empaquetado, ¿de qué manera llega al mundo de la forma más natural, pero a la vez con capacidad de impacto?
Me gusta estar ahí, como una especie de celestino entre la obra y su comercialización, para que llegue de manera completa, sin saltarse pasos ni dejarse cosas por hacer.
Quienes te seguimos, conocemos tu pasión por algunas figuras que podrían, a priori, parecer alejadas del mundo del Hip Hop. De vez en cuando nos dejas ver alguna storie donde Camarón, Raphael o Antonio Gala, lucen en las paredes y librerías de tu cuarto. ¿Qué significan para ti estos referentes? Cuéntanos alguna curiosidad que invite a los lectores a descubrirlos.
Me gusta todo tipo de música porque mi madre siempre ha sido bastante seguidora de todo tipo de música. Le ha gustado mucho la música en español y también la música brasileña y en portugués. Y mi tío es muy flamenco.
Tengo un cuadro de Camarón en mi casa que heredé cuando nos mudamos a casa de mi abuela, después de que mi madre se divorciara. Estaba en el cuarto de mi tío, que era universitario, y cuando se independizó el cuadro se quedó allí. Yo heredé su cuarto, sus vinilos, sus libros —tenía muchos de Lorca— y muchas otras cosas. Muchos de los vinilos y libros que tengo hoy en día son suyos, incluso muchos poemas que escribía. El cuadro me lo quedé y siempre le digo: «Si quieres te lo doy», pero nunca me lo ha reclamado porque ya se ha ido comprando otros.
Y la verdad es que Nino Bravo y Raphael me gustan mucho. Tuve la suerte de que el primer concierto al que fui fue de Raphael y, porque mi madre conocía a una persona de seguridad de La Axerquía, al final pude hacerme una foto con él y me firmó unos vinilos.
Siempre me han gustado mucho Raphael, Rocío Jurado, Nino Bravo y esas voces porque considero que son muy importantes en la historia de la música en español. Y creo que, ahora que el idioma ha ganado tanta popularidad, se nota que no tienen nada que envidiarles a cantantes de otros géneros.
Siempre lo hemos dicho con Paco de Lucía: no le tiene nada que envidiar a ningún guitarrista de otro género. Muchos guitarristas estadounidenses, canadienses y americanos en general lo dicen: era un virtuoso y uno de los mejores tocando la guitarra.
Pienso lo mismo de artistas como Rocío Jurado. Puedes ponerla a la altura de gente como Aretha Franklin y de voces femeninas de la música estadounidense que hoy consideramos intocables.
Con Antonio Gala es más por las charlas que dio, las 13 Noches con Jesús Quintero, sus libros y sus intervenciones. Recuerdo, por ejemplo, aquel posicionamiento que hizo para que España no entrara en la OTAN, cuando estaba en retiro artístico, y salió de su casa precisamente para hacer campaña.
Me gusta cómo escribe, pero más me gusta cómo habla. Creo que son personas que hace falta escuchar hoy en día. Muchas veces decimos que tenían presciencia del futuro, pero lo que verdaderamente tenían era una capacidad de observación muy acertada: veían el presente y, a partir de ahí, podían estudiar el futuro.
Y creo que hoy tampoco hace falta ser muy prodigioso para hacer eso. Simplemente hay que pararse y darse cuenta de cómo están las cosas para poder vaticinar cómo estarán. Es lo que no hacemos hoy: parar. Cada vez todo va más rápido y esta vida no nos deja.
Si tengo que decir alguna curiosidad, de Raphael te puedo contar que mucha gente no sabe que existe una certificación llamada disco de uranio, después del disco de diamante, que se concede por unas cifras de ventas enormes. Curiosamente, solo lo tienen cuatro o cinco artistas en el mundo y Raphael es uno de ellos, de hecho, el único artista hispanohablante. El resto creo que son Queen, ABBA y Michael Jackson.
Así que imagínate el alcance que tuvo Raphael en su época y cómo vendió discos por un tubo.
La escena española del Rap o Hip Hop más tradicional ha visto tiempos mejores. Surgen nuevas referencias (Hoke, Faenna, Ergo y Peke entre otros) pero cuesta destacar por encima del reggaeton o el sonido más trappy. ¿Pronósticas una vuelta del rap más crudo en los próximos años? ¿Piensas que las barras se han trasladado a otros subgéneros y que los beats no están siendo tan condicionantes para la calidad lírica?
Yo creo que hay de todo. Sí considero que hay mucho rap, lo que pasa es que a nivel mediático quizá destacan otras corrientes, pero tiene sentido. En este país a la gente le gusta mucho salir al tardeo y de fiesta, y cuando sales de fiesta no quieres escuchar un tema de boom bap, quieres escuchar reguetón. Como mucho, según la fiesta, trap o techno.
Ese espacio siempre lo van a tener ganado ese tipo de temas: el reguetón por encima de todos y toda la música pensada para el baile, el perreo, el dembow... El rap tampoco puede competir fácilmente ahí. Salvo que haya una cultura de club como la que hay en Estados Unidos y los temas de rap sí suenen en los clubs, pero lógicamente tienen que ser buenos temas de rap para hacerlo.
No obstante, sí considero que hay una escena de rap muy buena. A nivel mediático quizá no haya tanto, pero este año han salido álbumes de Guerrita, Faenna, Wyz Montecristo, Erik Urano... Este último tiene un sonido mucho más industrial, seguramente más difícil de consumir para el oyente tradicional, pero es muy bueno. Sí creo que hay raperos muy raperos y raperas muy raperas sonando en España.
Las barras están en todos los géneros, por lo menos en todos los géneros y subgéneros que orbitan al hip hop: R&B, trap, drill, PluggnB y todas esas corrientes nuevas. Hay buenas barras en todos ellos. Yo creo que simplemente conviven.
Lo importante es que haya originalidad y que se respete la cultura y su origen. Romper los márgenes está bien, pero no se pueden romper si no sabes dónde están.
Hay gente que dice: «No, las etiquetas...». Bueno, las etiquetas hay que conocerlas porque hay que saber dónde empieza una cosa y dónde acaba. En el nombre de las cosas está implícito su origen y su causa.
Y hay que respetar a los pioneros y a quienes lo crearon. Al final no se nos puede olvidar que somos turistas: somos españoles, europeos, caucásicos, de una clase, digamos, pudiente. Y esta es una música que viene de Estados Unidos, de Jamaica, de África, de Puerto Rico... de gente pobre y gente negra. Así que qué mínimo que saber de dónde vienen estas cosas y no perder ese conocimiento.
Desde hace un tiempo te podemos ver colaborando con diversos medios, publicando varios artículos en prensa, y eso sin contar tus virales tuits largos. ¿Cómo está siendo la experiencia de formar, aunque sea por poco, parte de la prensa musical? ¿Hay tanta precariedad como oímos decir? ¿Qué opinas de los publirreportajes pagados por sellos o festivales?
La verdad que mi experiencia está siendo guay. Al principio tuve una batalla moral, una pequeña crisis existencial, porque algunos tuiteros aleatorios intentan quitarte credibilidad como rapero por hacer divulgación, crítica o desglose de obras de otros músicos.
Y luego te das cuenta de que son gente con complejos, porque no tiene nada que ver. Lo único que te quita credibilidad como rapero es lo que tú haces en la canción. Tu música es lo único que te puede dar credibilidad como rapero si es buen rap, o quitártela si es mal rap, y que lo que haces fuera de tu música sea mentira en comparación con lo que cuentas en ella.
Hacer divulgación o tener otros hobbies no tiene nada que ver. Es como decir que André 3000 no es rapero por tocar la flauta. ¿Qué sentido tiene eso? Toca la flauta y poda bonsáis si quiere [risas].
Me está gustando. Además, ahora están saliendo otros raperos, como Elio Toffana, haciendo divulgación con el proyecto de Panteón Sur de Madrid y tal, y la verdad que me motiva. Creo que es importante.
Respecto a la precariedad, sí, los medios del mal llamado urbano son bastante precarios. No suelen ofrecer pagos por las columnas y es bastante común encontrártelo cuando te estás dando a conocer.
Yo estoy teniendo suerte porque en Bando, que es donde he estado escribiendo últimamente y donde quiero seguir escribiendo, me tratan bastante bien y me dan buenas condiciones. Y en CORDÓPOLIS, en el blog que tengo de Saber moverse, me dan espacio y libertad absoluta para escribir. También es verdad que ese blog lo pedí yo, así que no es lo mismo que algo retribuido como cubrir una crónica o redactar una noticia.
Sobre los publirreportajes pagados por sellos o festivales, los veo bien si indicas que es publicidad y si el hecho de que sea publicidad no te exime de dar tu opinión verdadera. Pese a todo, es muy complicado porque, si te están pagando y opinas mal de esa persona, sabes que probablemente no te va a volver a contratar.
Pero el ejercicio de honestidad es ese. Creo que es lo que deberíamos hacer todos.
El problema es que la mayoría de los creadores no indican que es publicidad y te están vendiendo una cosa como si fuera la narrativa real de la escena, y no suele suceder así.
Últimamente la escena urbana cordobesa parece estar en un momento dulce, multitud de artistas jóvenes, algunos ya destacando fuera de la provincia, fiestas y eventos como no hubo antes. ¿Qué crees que necesita ahora mismo nuestra industria musical para dar un salto colectivo como lo hizo la canaria?
Este tema ya me lo han preguntado muchas veces y siempre me imagino que todas las escenas de España nos lo preguntamos en comparación con la canaria, porque hemos visto lo que tiene.
Creo que cada escena tiene sus peculiaridades y que es casi imposible emular al 100% a la canaria porque tiene su estilo de vida, su idiosincrasia, y aquí también tenemos las nuestras.
No obstante, sí veo necesario tener unión real y respeto por todas las propuestas que haga la gente, siempre que sean respetuosas y no estén violando las libertades de los demás.
Para mí no es unión que tú subas un tema y yo te lo comparta en una historia o te diga: «Hermanito, qué guapo está eso». Unión y respeto es aceptar que las propuestas de otra gente no tienen por qué ir acorde a la tuya, ni tener el mismo sonido o temática, y que eso está bien.
Es no tener miedo a felicitar a la gente, a pedir ayuda o a recibirla. «Oye, ¿qué me aconsejas para grabarme un vídeo? ¿qué me aconsejas para producir?» «Tú que eres productor, ¿qué harías aquí?». Y evitar rivalidades.
Muchos venimos de la batalla de gallos y hemos podido arrastrar ese modus operandi un poco implícito en nuestro comportamiento. Pero cuando tienes un grupo y aparece otro colectivo, parece que la dinámica tiene que ser bandas contra bandas y que tenemos que estar enemistados. Y eso es absurdo. Yo no tengo ningún problema personal con absolutamente nadie, salvo con Netanyahu [risas].
Creo que es eso: respeto y hacer cultura. ¿Hay una fiesta en un club? Llégate. ¿Hay un concierto, un poeta, un micro abierto, lo que sea? Llégate. Simplemente hacer escena.
Para mí hace más escena que tú nunca le hables a una persona que saca música, nunca le mires en redes sociales, pero vayas a su concierto y pagues la entrada. Eso es más escena que cualquier otra cosa.
Creo que lo que falta es deshacer los egos y animarse a ir a las cosas, a decir «Quillo, qué guapo», alegrarte por la gente, hacer tu camino y respetar el de los demás.
Creo que eso es lo que falta para hacer escena.
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